Cacahuachuco

Cuando una persona moría, dicen que el alma se iba por el camino de San Agustín hacia Cacahuachuco. Dicen que al salir de San Agustín hay un lomo, más allá de San Agustín, que se llama Antahuacar.

A ese lugar le han puesto el nombre de Antahuacar porque quiere decir “sitio de llorar”, donde lloraban las almas, donde lloraban los espíritus por sus hijos y por los que dejaban.

Luego los espíritus seguían hasta llegar a otro sitio más arriba que se llama Illcán. En Illcán ahí también dicen que suspiraban los espíritus. Illcán dicen que es el sitio del suspiro, el lugar de descanso.

Seguían los espíritus hasta Cacahuachuco. Cacahuachuco es un lomo de Illcán hacia arriba donde se divisa Mute. En la quebrada de Cacahuachuco hay una cueva –sobre el camino- de cinco a seis metros de altura. Dicen que todos los espíritus tenían que aventar tres piedras a esa cueva. La cueva está llenecita de pura piedrecitas chicas. Hasta ahora están arrinconadas las piedrecitas, parece que estuviesen puestas a propósito. Dicen que todas las almas que pensaban tenía que botar tres piedras ahí: una para sus hijos, otra para sus padres y otra para su pueblo.

Dicen que ese era el sitio donde ya se iban despidiendo de todas sus familias, de todos sus hijos, los espíritus.

Los espíritus luego seguían su camino y en el sitio conocido como Tinyane, lugar del último suspiro, echaban un yaraví como despedida eterna de sus familias. No sé que dirían en el yaraví en Tinyane. Tintaye es una encañada muy cerca de la vaquería de Mute, donde por las noches se escucha como canta el agua con el aire. Es algo extraño y triste cuando se vive por ahí. Si uno pone los cinco sentidos, se escucha clarito como si hubiese una banda de músicos, una orquesta. Toditos los músicos y sus toques de arpa y violín, como si cajearan y cantaran, se oye. Todo eso se escucha en Tinyane.

De ahí los espíritus echaban un Yaraví, no se en qué sentido, y seguían, seguían su camino por el camino de Quichicancha, y seguían más allá hasta Palcacancha.

Llegaban a una quebrada antes de Palcacancha, ahí hay un riachuelito por donde baja un poquito de agua. Es verdad que esa agua es insípida, medio salada; y esa agua dicen que tomaba el alma, el espíritu tomaba esa agua. Entonces echaba un yaraví. Dicen que decía:

“He tomado el agua de Concayacu... fiado nomás he tomado para olvidar a mis hijos... para olvidar toda mi familia...”

Luego seguía su camino hasta Palcacancha, de Palcacancha subía hacia Yaranamán, cerro enclavado a 4,000 metros de altura. Antes de llegar a Yaranamán volteaban como yendo para arriba, al costado izquierdo. Ahí hay un lomo que se llama Yacopampa.

Al costado de Yacopampa hay dos “huacotos” que son peñascos con huecos que dan la impresión de traspasar el cerro. Dicen que uno de los huacotos era por donde tenían que pasar las mujeres.

El otro huacoto, el más alto, dicen que era por donde tenían que pasar los hombres. Los espíritus tenían que pasar por esos huacotos con todas las herramientas que usaban en sus vidas. Dice que pasaban con arados, con rejillas, con allanas. El hombre tenía que pasar con sus arados, con sus barretas, con su lampa, por eso dicen que era más alto el huacoto del hombre.

De ahí se despedían definitivamente los espíritus.

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