El enamorado Pampasino

Un Pampasino estaba enamorado de una Pallaquina. Entonces, el Pampasino, a eso de las ocho o nueve de la noche, salió del maizal de Pumacán (hoy, en le pueblo de La Florida), y de ahí se vino pues se acordó de su enamorada que era Pallaquina. Se vino, pues.

En eso, a mitad del camino –entre La Florida y Pállac- en la quebrada de Patur, se encuentra con un león y saliendo de la quebrada, más acá, es atacado por el león. Seguramente el Pampasino luchó con el león pero el león los venció. Ya viniéndose vencido el hombre, el león pudo hacer lo que le dio la gana con él. El Pampasino ya estaba mal, cansado, seguramente.

Pero el Pampasino sería precavido porque dicen que se hizo el muerto. El león le hacía lo que le daba la gana y lo botaba como un trapo, para acá, para allá, lo arrastraba por allá. En eso el león pensaría que el hombre ya había muerto. Dicen que el león le puso su mano sobre su cara para ver si respiraba y el hombre ya no respiraba.

Entonces el león hace un hueco, cava el suelo con sus garras y hace un pozo. Dicen que el león ahí mismo echó al pampasino al pozo, pensando que estaba muerto, y lo enterró. Así entierran a los cadáveres los leones. El león lo enterró, lo tapó bien. Encima, trajo unas plantas que tienen espinas muy venenosas que se llaman viscainas. Jalo las viscainas y todo lo puso encima y lo machucó bien.

En realidad el león había sido una leona que tenía crías. Entonces, la leona se fue a buscar a sus crías. Las había dejado en Punta Millay, que se llama un peñasco lejos, arriba, en otro lugar que también se llama Huayopampa. Ahí, entre esa peña, la leona había dejado a sus crías. Pero la leona subió más arriba, a un sitio que se llama Cuchay, de donde hay un sitio para zafar a Huayopampa. Ahí se fue la leona y de ahí comenzó a gritar, a llamar a sus crías, como grita una leona. Ahí le contestaron las crías. Ahí se sentó la leona esperando tal vez que sus cachorritos viniesen. Los llamaba seguramente para comerse al hombre que había enterrado.

En ese preciso momento el hombre, el enamorado Pampasino, bota todo lo que la leona había enterrado y ahí mismo se vino embalado, corriendo. Ya no se fue a Payas, sino se vino directamente a Huayopampa. Vino a Huayopampa porque para Pállac hay una subida, todavía. Pensaría seguramente que si se iba a Pállac ahí nomás el león lo alcanzaría nuevamente. Ya cuando el hombre estaba en plena carrera, zafando para acá ese lomo que se llama Puchihuancar, dice que ya sintió que la leona gritaba con rabia en el sitio donde lo había dejado enterrado.

El hombre se vino embalado, ya se dice que estaba en la media falda antes de llegar a Rampe, por Pichihuacar, cuando escuchó a la leona gritar.

Cual habría sido la impresión, el susto, y la carrera del hombre –seguramente se agitaría demasiado– que cuando llegó a Huayopampa, murió.

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