El Vizcaino y el Diablo

Un día un señor se fue desde San Agustín hasta Colcapampa, al otro lado de la quebrada, hacia abajo, para visitar su chacra que recién hacía tres días había sembrado con cebada y quería seguir limpiándola y ver como andaban las sementeras.

Al llegar a Colcapampa se dio con la sorpresa que la cebada ya había brotado... ¡en sólo tres días!... en lugar de los seis u ocho días que es lo que ordinariamente demora.

Ya por la tarde, cuando estaba ocultándose el sol y comenzaba a oscurecer, de repente se dio cuenta que en un rincón de la chacra estaba sentado un paisano. El paisano lo saludó primero y lo invitó a sentarse para hacer la armada (chactar la coca).

El propietario de la chacra se sentó pero no aceptó la coca que el paisano insistentemente le ofrecía. Ya era tarde. El Agustino comienza a observar con detenimiento al paisano desconocido, y descubre que tenía patas de gallina. Inmediatamente se dio cuenta que era un demonio que lo estaba tratando de engañar. Al darse cuenta del engaño, el Agustino comenzó a escaparse tratando de retornar rápidamente a san Agustín pero el demonio lo comenzó a perseguir hasta alcanzarlo. Ahí se pusieron a pelear. El demonio luchaba por llevar al Agustino al canto de la patería (del andén), con la intención de desbarrancarlo y matarlo.

De pronto al agustino se da cuenta que había a su alcance una planta de vizcaino (el vizcaino es una planta muy espinosa cuyas espinas una vez introducidas, además de ser muy dolorosas, ya no salen). Recoge el Agustino el vizcaino y se lo tira a la cara del demonio. Al sentirse herido, el demonio gritó –dándose por vencido- “Ya me jodiste, carajo”.

El Agustino aprovechó la oportunidad para correr y subir de Colcapampa a Patarón mientras que el demonio luchaba por quitarse las espinas. Una vez quitadas las espinas, el demonio de nuevo comienza a perseguir al Agustino y estuvo a punto de alcanzarlo cerca de la entrada del pueblo.

Mientras tanto, al ver que estaba anocheciendo, la esposa del Agustino fue a buscar a su marido a la chacra, y por todo el camino gritaba llamando a su esposo. En sus correrías, el demonio escuchó los gritos de la esposa del Agustino y exclamó: “Ya te salvaste”.

El Agustino se salvó gracias a la presencia de su esposa, porque el demonio siempre ataca a gente sola y se ahuyenta cuando alguien llama.

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