El Gañán de Cochac

Dicen que un gañán que estuvo arando un lugar conocido por el nombre de Cochac (ubicado en la parte baja de la Comunidad) tenía su enamorada. Un día, a eso de las tres de la tarde, quizá las tres y media, vio desde Cochac que su enamorada estaba en Rampe. Ahí la chica estaba hilando la puschca. Ella también lo vio y le hizo una seña para que él viniese.

Entonces, el gañán dejó su yunta y se dirigió hacia Rampe para alcanzarla. El gañán comenzó a caminar rápido pero su enamorada se dirigía hacia San Agustín. No la podía alcanzar. Siguió rápido y vio que ya safaba hacia Huarimarca. El, por alcanzarla, corría rápido y dejaba de verla en el camino.

En eso, a la altura del sitio conocido como Chunchuncocha, la divisa de nuevo pero cuando llega a Chunchuncocha, ella ya estaba en Quicarpunta hilando. El gañán le grita: “espérame” y ella le contesta: “apúrate”. El gañán se apura más para poderla alcanzar. En eso él llega a Choclay pero su enamorada ya estaba en Socoranra. Cuando él llega a Socoranra, ella seguía adelantada y continuaba hilando, esta vez en Callau. El gañán, hombre bueno, nuevamente le grita a su enamorada pidiéndole que lo esperase, pero ella continuaba su camino, siempre hilando. Así, ella pasa por Callaupuna y por Cotomarca.

El gañán continúa desesperado por no poder dar el alcance a su enamorada. El le grita: “espérame”, y ella nuevamente le responde “apurate pues ya está tarde”. El gañán llega a Cotomarca y ella ya safaba por el lomo de Cuyutrume.

El gañán iba sudoroso y apresurado para poder alcanzar a su enamorada, y fue y safó un lomo donde se divisa Chaupis –que se llama Mataca. Cuando él llegó a Mataca ella ya estaba entrando a Airancho.

El gañán continúa su camino cada vez más rápido y pensando cómo podía caminar tan rápido esa mujer. El sigue y cuando estaba entrando a la quebrada de Paches ya la mujer entraba a Chaupis. El gañán seguía pensando: “cómo va tan rápido y yo no la puedo alcanzar". El iba sudoroso para alcanzar a la mujer. Ya cuando él zafó un lomo que se llama Huayaq, ella ya safaba el lomo que va a San Agustín de Páriak que se llama Chacahuaca. Mientras pasaba el tiempo, cada vez se adelantaba más del gañán. A estas alturas del viaje ya serían las cinco de la tarde, más o menos. En eso el gañán llega a Chacahuaca y de ahí logra divisar San Agustín de Páriak.

Desde Chacahuaca el gañán divisa cómo su enamorada ya había llegado a san Agustín, había abierto la puerta de su casa. En la casa, adentro, también ya humeaba, ya había candela como si se estuviera cocinando. Para esto, ya serían las seis de la tarde.

El gañán llega por fin a San Agustín de Páriak y para su sorpresa, la casa dónde él había visto a su enamorada limpiar y de donde él divisaba el humo, la encontró cerrada. No había nada. La casa no había sido limpiada. Había comenzado a oscurecer. Seguramente el gañán en esos momentos tendría la idea de que su enamorada habría salido por ahí. Esperó un poco y mientras esperaba, llegó la noche.

Oscureció y, estoy seguro que este gañán era cobarde. El gañán se dijo:

 “Aquí amanezco de algún modo y si me voy, está mal”

Seguramente tuvo miedo. Entonces pensó:

 “Me hecho llave a mi casa y dormiré aquí”

Vino la noche y él se quedó en su casa de san Agustín.

Durante la noche el gañán no sabía que hacer, cómo dormir, porque eso de los malignos, de los espíritus malos, sabía que existían, sabía que andaban mucho por esos lugares. El gañán pensaba:

“Qué hago, qué hago... a dónde como... dónde duermo... con quién duermo...”

Este gañán sabía que en ese día no había lo que es una sola persona en todo el pueblo de San Agustín.

En esos meses, durante esa época del año, todo el pueblo había bajado al maizal de Huayopampa y los pocos que se habían quedado en las alturas de la Comunidad, estaban en las vaquerías.

El gañán, al encontrarse sólo en San Agustín, en plena noche, decide quedarse en su casa pero tenía mucho miedo a los espíritus malignos. Buscando protección en su casa, vio que ahí tenían unas ollas grandes, conocidas como pampanas, en el altillo de su casa. Sube al altillo, donde estaban las pampanas, y decidió encerrarse en una pampana. Se metió en la olla y se puso una tapa.

A eso de las doce de la noche, llegan a su casa los huancos –más conocidos como malignos o diablos– bailando y gritando:

 “Me huele a carne humana”

Bailaba y cantaban con un tono que ahora mismo se usa en la fiesta de la Candelaria del mes de febrero: “tan, tan, tan...”. en ese tono llegan hasta la puerta de la casa del gañán bailando y, por el olor localizaron en que parte de la casa estaba. Ese es el tono que bailan los huancos, el tono al son de pito y caja.

Al llegar a la puerta de la casa, el caporal de los diablos ordena a un diablo:

 “¡Sácalo!”

Regresa el diablo y dice:

 “No hay nada”

El caporal ordena a otro diablo:

 “Entra tu y sácalo!”

Regreso el segundo diablo y dice:

 “No hay”

Entonces entró el mismo caporal al último y dijo a los diablos:

 “Verán cómo yo lo saco”

Entra ahí agarra la pampana con todo, de arriba abajo y la avienta, toda la olla, lo avienta abajo al hombre. Ahí todos los diablos comenzaron a atacarlo, lo jalaban y golpeaban. Así fue pasando la noche y a eso de las tres de la mañana, el gañán continuaba defendiéndose de los diablos; buscaba la forma cómo poder defenderse para no dejarse llevar. Seguramente se agarraría en algo, pero los diablos lo continuaban jalando, tratando de sacarlo del pueblo. Por fin, lo trajeron hasta la salida del pueblo donde hay una cruz.

A la altura de la cruz, en la salida del pueblo, dicen que los diablos no pudieron jalar al hombre y hacerle pasar la cruz. Dicen que los diablos ya estaban agitados. En eso, una avecita, una pichiuza que canta” Picio chau chau” cantó y los diablos le dijeron al gañán:

 “Ya te salvaste”

Se fueron los diablos dejando al pobre gañán botado y golpeado.

A la mañana siguiente, los que subieron de Huayopampa a San Agustín, para bajar alguna comida de arriba, como papas y habas, encontraron al pobre botado y moribundo al pie de la cruz.

Ahí murió el gañán.

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