Inaco el Bandolero

I

Inaco era un ladrón que sólo robaba a los ricos para regalar a los pobres. Paraba cierto tiempo en el portachuelo de Huachoq (cerca de Pacaibamba) y después pasaba otra temporada en la zona de Doña María, camino a Huacho.

Estando Inaco preso en Lima, conoció en la cárcel a José Chiquillo, un Huayopampino que también estaba preso. Al salir libre José Chiquillo, Incao le pidió dinero prestado y éste le entregó todo lo que tenía, ocho soles.

En agradecimiento por su generosidad, Inaco le contó a José Chiquillo que junto al puquio de Tamaringa, cerca de Huacgoq, tenía un entierro. En esa época Inaco robaba a los hacendados de Trapiche, Carabaillo y alrededores y enterraba todo cerca de Tamaringa.

Al salir de la cárcel, José Chiquillo se fue en búsqueda del entierro, lo encontró y sólo sacó ocho soles volviéndolo a enterrar sin haber tocado el resto.

En uno de sus viajes a Lima, José Chiquillo se encontró en la calle con Inaco, quien ya estaba nuevamente libre. Inaco le preguntó si había buscado el entierro que él había dejado en Tamaringa. José chiquillo le contestó que sí y que solo había sacado los ocho soles que él le había prestado. Inaco rápidamente resondra a Chiquillo diciéndole: “sonso, si todo eso era para ti”.

José Chiquillo, al enterarse que todo el entierro de Tamaringa era para él, regresó para buscarlo de nuevo pero ya no lo encontró. Otros se lo habían llevado. Seguramente, pensó, cuando sacó los ocho soles lo dejó mal tapado y otro lo escarbó y se lo llevó.

II

De regreso a Lima, por Huachoq, José Chiquillo venía acompañado de otros dos personajes y se encontró con Inaco. José ya era amigo de Inaco, pero Inaco no conocía a los otros dos personajes.

Inaco les preguntó: “Qué noticias hay?”. Los otros dos acompañantes de José le contestaron que la plata que habían traído de Lima se las habían robado y que seguramente Inaco había sido el ladrón. Ellos no sabían que estaban hablando con el mismo Inaco.

Inaco se enfureció inmediatamente. Sacó su ronzal (látigo), le bajó el pantalón a los dos que habían hablado mal de él, y les dio una paliza diciéndoles:

“Con que tu dices que Inaco roba después que te has emborrachado en Lima y que te has gastado toda tu plata en Lima... toma, lleva esta plata para el pan de tus hijos”.

Así, después de darles una paliza, Inaco les dio a cada uno de los viajeros un puñado de oro. Ellos, bien rajados, regresaron a Huayopampa pero con sus puñados de oro.

III

Cuentan que Inaco siempre les decía a sus amigos que cuando moriría buscasen un entierro que había cerca de una cruz que hay por Huachoq, por el sitio llamado Tambo de Perros. Por ahí hay una piedra muy grande, quemada con petróleo de mecheros. El había siempre dicho a sus amigos:

 “Tengo un entierro por donde mira la cruz”.

Muchos han ido a buscar el entierro pero nadie lo ha podido encontrar.

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