La Piedra de Chaka Waca

Me cuentan mis abuelos que en tiempo de los gentiles, los Agustinos vivíamos en un pueblo llamado Jamanisho y el cultivo del maíz era en Pasarón.

Todos los gentiles de esos tiempos cuando viajaban de Jamanisho hacia Pasarón debían pasar por el territorio de las comunidades de Chaupis y de Pállac.

En el camino, los que subían de Pasarón hacia San Agustín, al pasar por el lugar de Socoranra –donde todas las piedras son blancas debido a la existencia de líquenes– debían tirar con su honda tres piedras hacia abajo, donde existe una piedra plana.

La creencia era que al hacer eso iban a adquirir la sabiduría del buen hilado y del buen tejido.

Igualmente, los que bajaban de San Agustín a Pasarón, también debían tirar las tres piedras para protegerse de la enfermedad del paludismo.

Cuentan que una señora que estaba encinta regresaba de Pasarón rumbo a Jamanisho acompañada de dos hijos menores y trayendo consigo una carga de maíz. Al pasar por Socoranra hizo la ofrenda al cerro para adquirir la sabiduría del buen hilado y del buen tejido pero al llegar a Chaca Waka se sentó extenuada en una piedra y mirando hacia las alturas de Jamanisho exclamó a su dios, al dios de los gentiles:

“Ay Señor, cómo será, llegaré yo a aquel pueblo (Jamanisho), tan lejos, tan alto... mejor me quedaré aquí convertida en piedra”.

En ese instante se convirtió en piedra conservándose así hasta nuestros tiempos.

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